Boveda semillas svalbardEn marzo de 2008, en una remota isla de Noruega, en el Círculo Polar Ártico, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, o la ‘bóveda del fin del mundo’, tuvo sus primeros depósitos.

Los contructores de la bóveda gastaron unos siete millones y esperaron doce meses para abrir un túnel con tres cámaras a través del duro hielo perpetuo de la ladera de la montaña, para almacenar en ella lo que podrían ser verdaderos tesoros.

La bóveda del fin del mundo mantiene la herencia agrícola del mundo en un congelador. Seis años más tarde y después de un depósito reciente de veinte mil especies, la bóveda ahora alberga más de ochocientas mil especies de plantas y con un promedio de quinientas semillas por muestra; alrededor de cuatrocientos millones de semillas.

Esto puede parecer demasiado, pero la bóveda fue diseñada para almacenar mucho más. A plena capacidad, en ella podrían caber hasta cuatro punto cinco millones de especies y dos punto veinticinco billones de semillas.

Este sitio puede verse como un disco duro de respaldo externo para los datos genéticos de los alimentos en el mundo. O bien, como una moderna Arca de Noé para el trigo, el maíz, y todas las especies agrícolas del mundo en toda su diversidad.

Es importante señalar que este complejo no es el único banco de semillas, ya que en el mundo existen alrededor de mil cuatrocientos bancos de genes. Pero todos ellos son susceptibles a la guerra, una mala gestión y los desastres naturales. Por ejemplo, los bancos de germoplasma en Irak y Afganistán fueron destruidos en los últimos años. En Afganistán, los saqueadores fueron detrás de los frascos de vidrio que almacenaban las semillas.

En Filipinas, un tifón acabó con la mayoría de los bancos de germoplasma de un importante almacén de arroz. Incluso Japón ha enviado muestras de cebada a la bóveda del fin del mundo, inquieto por la seguridad de su propio banco de germoplasma tras el terremoto de 2011 y el tsunami.

En esta bóveda, las semillas podrían permanecer útiles durante años incluso sin energía eléctrica, ya que el hielo perpetuo actúa como un congelador natural que mantiene la temperatura por debajo de los cero grados.

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